LA FAMILIA

CARTA DE UN PADRE A TODAS LAS MUJERES

septiembre 13, 2015
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¿Qué no puedo cuidar de mi hijo como lo hace su madre? ¿Quién lo dice? 
¿Quién se atreve a insinuarlo si quiera?
Que tú seas capaz de levantarte antes para preparar los desayunos de todos nosotros y sus almuerzos del colegio, contestar a la nota de la profesora, elegir su ropa para que vaya bien conjuntado y hasta no olvidarte ni un solo día de echarle perfume, no significa que yo no sea capaz de hacerlo.

Que yo elija organizar mi día de tal forma que pueda salir a hacer deporte, que siga estando al otro lado del teléfono cuando mis amigos me necesitan, que si me preguntas prefiera echarme la siesta un sábado a las 4 de la tarde antes que ir al parque o que me haya confundido y en lugar de ponerle fruta en la mochila le he puesto unas galletas, no significa que sea un mal padre.

Que titubee a la hora de recordar las fechas de cumpleaños y santos de todos nosotros no quiere decir que no sean lo mas importante de mi vida.

Mis prioridades en la crianza son diferentes a las tuyas pero complementarias. Hombres y mujeres sentimos diferente.

Mientras a ti te falta tiempo para correr hacia él para levantarle de una caída sin importancia, yo le animo con un “Venga, arriba, que no ha sido nada”.

Mientras tú le lavas los dientes con mimo sin olvidarte ni una sola esquinita, yo le reto con un: “Vamos, niño, a ver quien aguanta más tiempo con el cepillo en la boca”.

Mientras tú le acaricias como nadie la espalda en esas tardes lluviosas en las que se acurruca a tu lado, yo busco el balón para jugar una partidito en cuanto salga sol, y si no sale no importa, quizá nos mojemos un poco, pero lo pasaremos en grande.

Mientras tú haces rosquillas y bizcochos con ellos en la cocina, yo los observo y sonrío al escuchar sus carcajadas. ¿Escuchas tú las nuestras cuando me los llevo al cine, a la compra, o simplemente a hacer unos recados para que tú puedas descansar un poco? ¡Lo pasamos tan bien!

Mientras tú te encargas de hacerle las trenzas a la niña, poner las rodilleras en el uniforme del mayor y de revisarles las cabezas cuando llega la famosa circular de los piojos, yo hago interminables jornadas de guerras de cosquillas donde cierto es que la niña termina sin trenzas, el mayor con las rodilleras de nuevo gastadas y los piojos… ay los piojos, pues si tienen, terminamos todos rascándonos como posesos! padre e hijo

No soy el mejor cocinero, no entiendo bien de colores ni de qué lazo va mejor con sus zapatos. Las fechas me patinan. No tengo ese rádar nocturno que tú tienes: antes de que haya abierto los dos ojos, tú ya te has ido de mi lado. No soy capaz de estructurar mi día como tú lo haces, de hecho, te admiro. Admiro tu capacidad de controlar todo lo que te rodea: tu trabajo, tus hijos, mis necesidades…Pero ¿Y las tuyas, cariño?

No soy perfecto como hombre, tampoco lo soy como padre. ¿Quién quiere serlo? ¿Acaso tú lo eres? A veces llegas, otras no… Eso es la vida. Yo no intento cambiarte, no lo intentes tú conmigo. ¿Ves a los niños infelices a mi lado? ¿Los ves desatendidos? Sé sincera. Porque yo los veo felices. Nos veo felices. De vez en cuando se me escapa una palabrota delante de ellos, cierto, pero… ¿Y lo que nos reímos aquel día cuando vino nuestra niño con una esponja llena de jabón dispuesto a lavarme la boca hasta sacarme brillo?

Y por último, escúchame bien que esto es importante: El hecho de que de vez en cuando te sugiera dejar a los niños con los abuelos para escaparnos un fin de semana a una casa de campo los dos solos, no significa que no quiera a mis hijos, los quiero más que a mi vida… Simplemente significa que te necesito, que quiero seguir disfrutando de ti como mujer, no sólo como madre.

Significa que quiero tener sexo decente contigo, como el que teníamos antes… ¡Que te deseo! ¡Que te quiero!

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